viernes, 10 de octubre de 2008

¿Se puede hablar con el poder?

Leo Un diálogo sobre el poder (Alianza Editorial, 1988) de Michel Foucault. Extraño libro formado por varias entrevistas y diálogos con personajes de la cultura francesa: Deleuze, Henry Levi, Marine Zecca, y un singular coloquio con un grupo de radicales maoistas. Foucaul se da gusto: expone, piensa, confronta, niega, propone, pero sobre todo interroga, asedia e interroga, sin cuartel, sin punto fijo, desde la intemperie y hacia la intemperie. Apenas comienzo a entrar en su laberinto. Se antoja un libro estimulante, saturado de intuiciones, vibrante.

miércoles, 8 de octubre de 2008

El canto de las piedras

Leo Piedras (Nueva Imagen, 2001) de Roger Caillois. No se trata de un tratado geológico, tampoco de un despliegue modernista sobre las piedras preciosas, se trata de un ejercicio de imaginación en toda forma, de un delirio razonado, se trtat de reflejar en el papel todo lo que la imaginación ha plasmado sobre esos testigos primeros, sobre las que serán seguramente las herederas de la tierra, las piedras. Extraordinaria imaginación y cultura la de Roger Caillois. Se afilió siendo muy jóven al movimiento surrealista, del que se separó y al cual condenó en una singular carta a André Breton. Luego, a raíz de las complejidades de la guerra, y seguramente invitado por Victoria Ocampo, se traslada Buenos Aires, donde conoce a Borges. Borges lo recibe con una crítica a sus estudios sobre la novela policiaca. Luego, a lo que se ve, se hacen amigos. Caillois traduciría al francés a Borges, traducción que implicaría el reconocimiento europeo (mundial) al argentino. Bien vale la pena Buenos Aires con tal de ver a Borges, dijo Caillois. De regreso a Francia, en 1951, funda con George Bataille, El Colegio de Sociología. Sus libros son fudamentales: El hombre y lo sagrado, El mito y el hombre, La cuesta de la guerra, Acercamientos a lo imaginario, Pulpos, etc. Lo recuerdo en un inolvidable diálogo, ocurrido en París, entre Roger Caillois y Jorge Luis Borges. De Piedras Octavio Paz dijo que era uno de los libros más hermosos que él hubiera leído. Lo es.

domingo, 5 de octubre de 2008

Filosofía del cuerpo

Leo Venir al mundo: Seis ensayos sobre las visicitudes anteriores a la vida mundanal, de Francisco González Crussí.  Médico patólogo y enesayista mexicano. Sus temas: el nacimiento, la muerte, el dolor y el placer, es decir, los grandes temas del hombre, el principio y el fin, virtudes, vicios y humores del vivir. Pero no del mero vivir, González Crussí no es un científico que estudia, que examina al hombre con un bisturí, es un médico humanista, no le importa tanto el vivir como el buenn vivir, y esto lo denota en una prosa inteligente y flexible, curiosa a la vez que generosa con su lector. González Crussí, por esta indagación en los fines y orígenes del hombre, es un filósofo que se pregunta lo esencial, sin embargo, que esta indagación fluya en los carriles de una prosa viva y atractiva, noble y transparente, hace que consideramos que lo suyo no es tanto una filosofía, que tendría que articualrse en un sistema, sino una sabiduría, un saber vivir, un saber sobre el nacer y el morir para mejor vivir y morir mejor. Filosofía del cuerpo, sabiduría de los humores, notas de un anatomista. 

miércoles, 1 de octubre de 2008

La propia caída

Leo La caída de Albert Camus. Monólogo y confesión. Una prosa alta que describe el desplome, en la vida, en el mundo. Habla Jean-Baptiste Clamence, que antes de quedar varado, averiado, en un tugurio de Amsterdam, era de profesión abogado y de temple piadoso. Su piedad, sin embargo, tenía como fin no la salvación o ayuda al otro, sino la autosatisfacción provocada por el bien hecho. Con melancólica ironía, desnuda tristemente el animo piadoso: se busca la virtud para exhibirla, para mostrarla, para envanecerse ataviado con esa capa de humildad, para mostrarse ante el mundo como desinteresado cuando su fin último es que se interesen en él por su desinterés. Clamence habla, sin fin, habla de su paso del día francés a la medianoche holandesa, anclado ahí, en el Mexico-City, bar de malamuerte, bar de puerto, donde reculan Clamence, que fue puro, y un oyente que aunque nunca se ve no es invisible, al contrario, es muy real, porque al no dar ningún elemento acerca del oyente, el oyente resulta ser uno. Así, el monólogo se extiende en esa noche holandesa. Clamence nos habla al oído, su aliento huele a ginebra, su saco de pelo de camello es vulgar y está gastado, su tono en cansino, cansado. Va desplegando su historia.

domingo, 21 de septiembre de 2008

Fantasía en estado puro

Leo Jim Botón y Lucas el maquinista, de Michael Ende. Al parecer, se trata de la primera novela de Michael Ende, que antes se dedicaba a la interpretación dramática. La novela, a los editores, se les hizo una historia muy larga, por lo que fue publicada en español en dos partes (la segunda: Jim Botón y los trece caníbales). Cuenta la historia del pequeño Jim, un niño negro que llega misteriosamente a una pequeña isla (Lummerland) y es pronto adoptado por todos los habitantes, pero especialmente por la señora Qué. Como la isla es muy pequeña, la llegada del pequeño Jim rompe el equilibrio, por lo que Lucas el maquinista y Jim deciden partir, a explorar el mundo. En primer lugar arriban a China, donde visitan a su capital Ping y tratan de entrevistarse con el gran emperador. Ende, en esta primera novela, no aprendía todavía a narrar con la maestría y soltura que muestra en Momo o en La historia interminable. En esta las descripciones son más morosas y las fantasías más elaboradas. Del mismo modo, todavía en esta novela los personajes no están del todo cuajados. Jim es más un nombre que un caracter. Un nombre y un color de piel que quiere indicar: aventura, extrañeza. Tiene su inspiración en el Tom Sawyer de Twain. Las aventuras son preciosas, los paisajes inspirados.

El misterio de la vida

Leo Nacer y otras dificultades. Historia cultural del enigma de la vida, de Francisco González Crussí, médico patólogo que ha devenido en filósofo y que se expresa literariamente. No es una filosofía sino una sabiduría la que recorre sus libros. Sabiduría: saber vivir, entender el principio y el fin, equilibrio en el vacío. Dueño de una cultura extraordinaria, que apunta lo mismo hacia Oriente que hacia Occidente, hacia Grecia y hacia la Francia de la Ilustración, González Crussí sin embargo tiene un centro claro: el cuerpo, su referente último. Le interesa desde el momento mismo de la concepción hasta más allá de la muerte (ya que ha dedicado un interesantísimo libro a las formas de preservación de los cadaveres.) Y lo sigue a través de todos sus pasos, como ningún otro escritor en nuestro idioma: por su nacimiento, crecimiento, enfermedad, salud, por sus cinco sentidos, por su cuerpo mental y por el cuerpo gastronómico, en fin, hasta la muerte misma, a la que se ha acercado en sendos volúmenes. Pero sobre todo algo reconozco en los libros de González Crussí: la bonhomía, la generosidad el espíritu abierto, la tolerancia hacia las creencias y la profunda comprensión del cuerpo, sus necesidades y sus vicios.  

La novela por dentro

Leo Aspectos de la novela (Universidad Veracruzana, México, 1961), de E.M. Fortser. Extraordinario novelista (Pasaje a la India, Maurice, El más largo viajeCuarto con vista), Forster fue invitado a finales de los años veinte a pronunciar una serie de conferencias en torno a la novela. Mediante un estilo coloquial, Forster va pausadamente examinando los componentes del quehacer novelístico: el relato, las personas, la trama, la fantasía, la profecía, la estructura y el ritmo. Sus observaciones son agudas y precisas, aun vigentes. Su brujula: el sentido común. No es un teórico propiamemente dicho sino un novelista que reflexiona sobre su materia prima. Inglés, es muy concreto, abundante en ejemplos, poco digresivo y dotado de una fina ironía y contenido sentido del humor. "Aspectos" es una manera de enunciar con modestia su propósito declarado de exponer la novela, de abrirla en canal y mostrar sus interiores al público.    

lunes, 15 de septiembre de 2008

Los ladrones del tiempo



Leo Momo de Michael Ende. Novela para niños. Su tema: el tiempo. Una bella reflexión novelada sobre la forma absurda que tenemos los adultos de trabajar mucho para luego "tener tiempo". Con el resultado consiguiente: cada vez trabajamos más y cada vez tenemos menos tiempo. Es la primera vez que me acerco a Ende, autor alemán. Cada noche le leo a mis hijos un fragmento de la historia. A veces se emocionan hasta los gritos. Aun de las partes "difíciles" de la novela, siempre se les quedan cosas, ideas sueltas, reflexiones más profundas. Una delicia, Momo. La historia de una pequeña niña huerfana que, con ayuda de la tortuga Casiopea y del maestro Hora, logran acabar con los ladrones del tiempo, los inefables "hombres grises". Mi hija me preguntó: ¿Y en México existen los hombres grises? Claro, le respondí, en mi trabajo me he encontrado con varios, alojados en el primer piso, el administrativo...

domingo, 14 de septiembre de 2008

Ciencia y poesía

Leo El elixir de la ciencia del ensayista y poeta alemán Hans Magnus Enzensberger. Combina este libro el ensayo y la poesía, ambos sobre el mismo tema: la curiosidad científica. ¿Poemas sobre científicos? Suena extraño, pero el resultado es muy bueno. A un poema sobre Charles Darwin le sigue un magnífico ensayo sobre el colisionador de partículas, a un poema sobre Malthus le sigue una sesuda reflexión sobre el tiempo o sobre el automatismo. Enzensberger es un autor deslumbrante. Sus reflexiones políticas son admirables.

El punto sobre la i de Deniz



Leo Los puntos sobre las íes de Gerardo Deniz, peor conocido como Juan Almela. Se trata de una antología personal, la segunda que realiza. La primera: Mansalva, fue publicada por el Fondo de Cultura y es quizá el primer libro que leí de Deniz. Lo leí con fascinación y horror. ¿Esto era poesía? Pues sí. Había versos deslumbrantes (en los cuales oía ecos claros de Saint John Perse y de Alí Chumacero), pero también había humor, mucho humor socarrón, y formas complejísimas. Me atrajo su lenguaje, su desden por la poesía, sus anticlimáticas conclusiones. Comencé a frecuentar sus libros, a descifrarlos, a paladearlos. Conocí al poeta. Me hice su amigo. Escribí varios ensayos sobre su obra, compuesta por una decena de poemarios y de un par de libros raros. Tiene dos libros de cuentos. Tiene un libro en el que combina sus poemas con glosas eruditas sobre el orígen de estos. Practica el epigrama y el poema extenso, el poema intelectual y el poema demasiado carnal. Es un poeta irónico que no desdeña el vuelo lírico. Es un extroardinario poeta.

China por dentro


Leo Horas chinas del patólogo y escritor mexicano Francisco González Crussí. Tradiciones, impresiones y relatos de una cultura milenaria. De este fascinante autor he leído media docena de libros: Día de muertos, Mors repentina, Notas de un anatomista, La fábrica del cuerpo, Sobre la naturaleza de las cosas eróticas, Los cinco sentidos, Nacer y otras dificultades, Venir al mundo y Partir es morir un poco. González Crussí combina con gracia y talento diversos saberes: es médico patólogo connotado, pero además es un ensayista de fuste. Sus temas: el cuerpo, la muerte, el nacimiento, la diversidad humana. Su cultura es extraordinaria, lo mismo domina la literatura de su especialidad (que pone al servicio de un humanismo pesimista) que diversos saberes literarios y filosóficos: lo mismo domina los clásicos grecolatinos que los ilustrados franceses, la novela moderna y el tratado medieval, y ese saber no se extiende sólo en temas sino en culturas, ya que domina como pocos tanto los afluentes principales de Occidente como de Oriente. Casado en segundas nupcias con una doctora china, González Crussi ha viajado por China, pero sobre todo ha leído sobre ese remoto y aún ahora exótico país. Uno de sus ensayos más interesantes, de los contenidos en este libro, es su reflexión acerca de la posibilidad de que los olmecas, una de las civilizaciones fundadoras de la grandeza prehispánica, tuviera un orígen chino. Gastronomía, literatura, filosofía, antropología, medicina, muchos saberes condensados en una obra, como todas las de González Crussí, sabia y demasiado humana.

La revolución persa



Leo El Sha o la desmesura del poder del periodista y escritor Ryzsard Kapuscinski. En los años ´80, ya depuesto por una revolución atípica: religiosa y antimoderna, el Sha de Irán con sus millones y su corte se instaló en México, en la paradisiaca Cuernavaca, la Cuernavaca de Malcolm Lowry y de Thelonius Monk. Un monarca en el exilio da lástima, despierta piedad. Pero esa empatía hubiera desaparecido de haberse leído en ese momento esta crónica-reportaje de Kapuscinski. Fue un déspota, un tirano de la peor especie. Derrochó la riqueza petrolera de Irán. Era común que a un ciudadano cualquiera lo detuviera la policía secreta, lo torturara, los golperara sin piedad y con método, para luego, por fin, preguntarle: "¿Cómo se llama, qué hace usted?" Promovido como emperador (Sha) por su padre y por los ingleses y norteamericanos, Reza Pahlevi de entrada permitió un regimen democrático. Pero el gusto le duró muy poco a los iraníes. Harto de los desplantes democráticos y aperturistas de su Primer Ministro (desplantes como el de nacionalizar la industria petrolera), lo hizo encarcelar. Desde entonces, instauró en Iran una dictadura cruel, sanguinaria, implacable. Acabó con la economía y con la inteligencia. A los jóvenes inquietos se les invitaba (y ayudaba con becas) a que estudiaran fuera de Irán, en un viaje comunmente sin retorno: a los que no aceptaban, se le apresaba,. se les destrozaba su vida. Eso, dice Kapuscinski, más que la revolucióin islámica, es lo que explica el levantamiento popular y el derrocamiento del Sha.

lunes, 11 de agosto de 2008

Steiner o la alegría de un pensamiento triste



Leo Diez (posibles) razones para la tristeza del pensamiento (FCE, 2007) de George Steiner. Maestro del pensamiento, maestro de la crítica, Steiner siempre nos sacude y siempre nos refresca con sus visiones pesimistas. Para Steiner, como para Schelling, la “vida del intelecto” significa experimentar tanto la melancolía como la capacidad de sobreponerse a ella. Steiner, en diez brevísimos capítulos, expone las razones por las que se siente limitado o exhausto. En el primero reflexiona acerca de los límites de nuestra razón: no podemos pensarlo todo, no podemos nombrar lo inexpresable: “no sabemos si lo que nos parece indefinido no es, en realidad, ridículamente estrecho e irrelevante”. En el segundo, constata que no podemos controlar el pensamiento, en muy pocas ocasiones de la vida diaria podemos concentrarnos plenamente, el resto del tiempo divagamos, sentimos, papaloteamos. Tercero, casi siempre utilizamos ideas adquiridas, es muy rara la ocasión (casi un milagro) en la que producimos una idea nueva. Cuarto, es muy difícil arribar a la verdad: “el lenguaje es enemigo del ideal monocromo de la verdad”. Quinto, pensar es una operación tremendamente despilfarradora, la mayoría de nuestros pensamientos “son, en una proporción abrumadora, difusos, sin objeto, dispersos e inexplicados”. Sexto, el pensamiento, salvo en contados casos, se limita a su propia esfera íntima, muy pocos de nuestros pensamientos “transforman” la realidad: “Habitualmente, la previsión, la proyección, la fantasía y la imagen están por encima de la realización”. Séptimo, “el pensamiento más inspirado es impotente ante la muerte”. Octavo, estamos encerrados en nosotros mismos, es casi imposible saber lo que piensan los otros, incluso los más próximos: “El amor más intenso, quizá más débil que el odio, es una negociación, nunca concluyente, entre soledades”. Noveno, todos podemos “pensar”, pero sólo unos cuantos piensan: “Heidegger confesó lúgubremente que la humanidad en su conjunto aún no había salido de la prehistoria del pensamiento”; cuando se torna demasiado visible, cuando no puede cobijarse bajo la especialización y la codificación hermética, la pasión intelectual y sus manifestaciones provocan odio y mofa. Y décimo: el pensamiento no puede dar respuesta a la cuestiones más esenciales de la vida, “la historia de los sucesivos intentos de probar la inmortalidad o la existencia de dios equivalen a una de las crónicas más embarazosas de las condición humana”. Todo lo que George Steiner señala es difícil de refutar, sí, y sin embargo... sin embargo, al leer las diez razones por las cuales Steiner se decepciona del pensamiento, uno siente que al nombrar esas imperfecciones, nos acercamos, aunque sea sólo un poco, al pensamiento verdadero, a la esperanza.

martes, 5 de agosto de 2008

Borges, el infinito

Leo "El aleph", de Jorge Luis Borges, en la extraordinaria edición que para El Colegio de México prepararon Julio ortega y Elena del Río Parra. "Este es el primer intento -dicen los editores- de establecer un texto de Borges a partir de su manuscrito en una edición crítica. Contiene un excelente estudio introductorio, un facsímil del original (en el que, además de la minúscula letra de Borges, se pueden apreciar sus tachaduras, sus correcciones, sus vacilaciones), la edición crítica del relato, con notas ilustrativas y pertinentes, aparte de un un puñado de lecturas del mismo, por Emir Rodríguez Monegal, Roberto Paoli, Daniel Devoto, Maurice Blanchot, Saúl Sosnowski y un par de textos del mismo Borges. En el último de los textos de Borges, comenta: "Fuí derrotado por Madame Bovary. Nunca me interesó. Fui derrotado por la aburrida familia Karamazov. No me interesaron nunca". Leer a Borges siempre, aparte de un gran placer, es un desafío. La lectura de El aleph, en esta edición crítica, me deparó una tarde extraordinaria.

sábado, 2 de agosto de 2008

La idea socialista


Leo, otra vez, Hacia la estación de Finlandia, de Edmund Wilson. Ensayos sobre el surgimiento de la idea socialista hasta su implantación y sus consecuencias (casi) últimas. Abre mi edición (Alianza Editorial) con un prólogo revelador, escrito en 1971. En él, Wilson reconoce el optimismo de su imagen, reconoce que no pudo prever que la Unión Soviética derivaría en una atroz dictadura y que Stalin se convertiría en un tirano. En cierto sentido, el prólogo declara la derrota de su libro. Si el socialismo derivó en un infierno, ¿para qué estudiarlo? Precisamente, estudiar sus raíces, teniendo en cuenta su ulterior fracaso, tiene sentido. El libro proyecta, también, una imagen benévola de Lenin, que ahora en el prólogo Wilson modifica: era cruel y sólo toleraba a las personas que lo seguían ciegamente, aunque tenía el inmenso poder de convencer a las personas. Esto en cuanto al nuevo prólogo. Del libro, se agradece la prosa de Wilson: clara y precisa, justa. La guía una inteligencia no menos clara. El libro abre con el joven Michelet, a sus 26 años, descubriendo a Vico, leyendo por vez primera una interpretación de la historia humana no derivada de la teología, una historia, por llamarla así, sociológica. Michelet aplicaría en su vasta obra los principios generales de Vico. De orígenes muy humildes, hijo de un impresor arruinado con la supresión de la libertad de prensa en los años post revolucionarios, Michelet logra dar forma a una obra extraordinaria. En su Historia de la Revolución Francesa infundió vida a la pasión revolucionaria, encarnó de algún modo el espíritu de la Revolución. Interpretó la Historia de Francia como una lenta y larga conquista del poder por el pueblo (Napoleón, en este esquema, fue una violenta y tortuosa interrupción de ese proceso.) Michelet estaba en Italia cuando se enteró de la guerra contra Prusia: sufrió una apoplejía. Al enterarse de que la Comuna socialista gobernada París, recayó con mayor fuerza. Sus libros de historia constituyen una obra única. Dice Wilson: se trata de “un esfuerzo de imaginación e investigación como quizá nunca vuelva a darse: el supremo esfuerzo en su época de un ser humano para explicar, entender y comprender el desarrollo de una nación moderna”. Prosigue Wilson su examen del socialismo francés con Renan, al que ve como símbolo de la decadencia de la tradición revolucionaria. En Renan se puede ver con toda claridad el enfriamiento general de la burguesía francesa con respecto a las cuestiones político-sociales. Esa decadencia se prolonga y extiende con Taine, que ha dejado atrás todo resto de romanticismo revolucionario y que ve y juzga al mundo a partir de una imagen mecanicista, naturalista, deudora aparente de la objetividad científica. Cierra el examen del socialismo francés Anatole Frances (Wilson deja fuera, inexplicablemente, a Jaurés y Zola).

miércoles, 30 de julio de 2008

Shakespeare y la política

Leo Coriolano, la gran tragedia política de William Shakespeare. No la única, la más alta. Una tragedia toda ella pura acción. Diálogos que implican actos y desplazamientos. Hay batallas, asambleas, elecciones, hay política en todos los niveles. Su lenguaje es claro, directo, durísimo. No hay metáforas, las cosas son como son, y son funestas. El lenguaje de Coriolano es agresivo y filoso, burlón y grosero. La historia sobre la que bordó Shakespeare su tragedia proviene de Plutarco, en sus líneas más generales. Eliot la prefería por encima de Hamlet. A diferencia de ésta, no es dubitativa, no hay reflexión sino un movimiento continúo: acción y política. Ambición, traición, adulación, coraje, sobre todo coraje; el insolente coraje de Coriolano, muy distinto a la cólera de Aquiles. La trama es sencilla: Cayo Marcio, general romano, ganador de infinitas batallas, regresa a Roma; ahí, los patricios le dan el grado de Consul: ya puede tener el poder total, pero antes debe pedir el voto de los plebeyos, el voto del pueblo, debe halagarlo, mentirle, enseñarle sus heridas. Y el guerrero se niega. Es un soberbio azuzado por una madre, Volumnia, no menos soberbia y altanera. Coriolano rehuye la gloria, pero asimismo le causa repulsión la adulación servil al pueblo. Éste lo juzga y lo condena al destierro (nunca los aqueos pensaron juzgar a Aquiles.) Su insolencia no cesa, aunque ahora se manifiesta como venganza. Acude a la casa de su peor enemigo, al que ha derrotado doce veces en batallas furiosas, y le pide que lo incorpore en su filas, para lucha contra Roma. El ejercito de los volscos se rinde ante Coriolano, lo sigue como a un dios. Pronto están ante las murallas romanas. Su madre llora, le suplica, y Cayo Marcio cede. Romanos y volscos firman un acuerdo de paz. Cayo Marcio regresa con sus antes enemigos y éstos le dan muerte, por no haber podido derrotar y saquear a Roma. Coriolano tejió su destino. Todo estaba predispuesto para él. Pero su insolencia era infinita. No quería rendir cuentas a nadie. De haber llegado al poder total, la gloria militar de Roma hubiera sido lograda a base de una muy ferrea dictadura. El pueblo, que le teme, lo juzga y lo destierra. El pueblo no actúa con grandeza, condena al héroe. Pero no podría decirse que Coriolano actúa con nobleza. Su sentido del honor es absurdo. La afirmación absoluta, el ego monumental de la afirmación rabiosamente necesaria. Coriolano se opone a la opinión, a la mentira, es un valiente, más: un héroe, un modesto, detesta los honores, sólo lo rinde su madre, que lo ha forjado para la valentía y el arrojo.

lunes, 14 de julio de 2008

El Principe da un golpe de Estado


Leo Técnica del golpe de Estado de Curzio Malaparte. Libro extraordinario. Asombra la precisión de la prosa de Malaparte: clara, concisa, justa, pero al mismo tiempo plástica. Perfecto expositor. Su estilo recuerda, y esto con toda seguridad es un efecto buscado, al Maquiavelo de El Principe. Su análisis de la mente revolucionaria de Lenin y la táctica de Trotsky es admirable. Con un estilete periodístico, escribe historia y piensa al hacerlo. Malaparte fue fascista. Colaboró con Mussolini. Más tarde, criticó al fascismo y a Hitler, y fue por ello castigado. El libro reúne varios casos en los que se intentó (a veces con éxito) dar un golpe de Estado. La tesis de Malatesta, proveniente de Trotsky, es la siguiente: para dar un golpe de Estado no es necesario que haya "condiciones objetivas", tampoco es preciso contar con el "apoyo del pueblo" y ni siquiera contar con una huelga nacional de acompañamiento en las labores de desestabilización. Para dar un golpe de estado se requieren sólo mil hombres dispuestos y armados. La clave está en tomar los elementos esenciales del Estado (medios de comunicación, ferrocarriles, carreteras, centros de distribución de alimentos, de agua y de electricidad). La toma del gobierno es secundaria. Así lo hizo Trotsky en 1917.

lunes, 23 de junio de 2008

Kipling, literatura mayor

Leo Relatos, de Rudyard Kipling, seleccionados por Alberto Manguel. Como Atenea, Kipling nació a las letras en la plenitud de sus recursos. Sus primeros libros de relatos (sobre todo sus Cuentos llanos de las montañas) eran deslumbrantes. Sus contemporáneos Henry James y Robert Louis Stevenson, por carta, se maravillaban del “niño genio” y a la par lo criticaban por su prolijidad. Pero todo tiene su precio en este mundo. Luego de haber recibido el Premio Nobel, hasta la fecha el autor más joven en haberlo obtenido, luego de haber sido el máximo cantor del Imperio Británico, sus cuentos se volvieron intrincados y, en lo más alto de su desarrollo artístico, los lectores modernos le dieron la espalda. Mientras Kipling escribía los maravillosos cuentos de sus últimos años, dice Borges, “todos admiraban esas boberías de Dublineses.” El mundo se dejó fascinar en los años treinta por las novedades ingeniosas y en los cuarenta por los cantores de la muerte; Kipling dejó de leerse, peor aún: comenzó a leerse mal (por esos años Disney adaptó su Libro de la selva). Los contestatarios años sesenta dejaron una imagen de Kipling acartonada, que es la que conservamos: el poeta del imperialismo, el colonizador arrogante, el victoriano tieso. Décadas más tarde, ahora que Kipling va camino de convertirse en un autor infantil (infierno al que han condenado a Swift y a Defoe), aparecen no una sino tres antologías de sus relatos: una, antologada por Somerset Maugham en 1952, publicada ahora por Sexto Piso; la segunda, voluminosa y sin criterio visible, obra de Alberto Manguel, editada por Acantilado; y la tercera, virtual y extraordinaria, elaborada por Jorge Luis Borges y Adolfo Bioy Casares, entre 1957 y 1968, a lo largo de decenas de conversaciones, entre las cuales, por lo menos en cuatro ocasiones, bosquejaron los índices de varias posibles antologías con “los mejores cuentos de Kipling”.
¿Por qué Kipling, por qué ahora? Borges, en 1960, adelantó una posible explicación: “Tal vez Kipling alcance por fin el reconocimiento que merece: a la gente hoy le gustan las cosas desagradables y las fealdades; Kipling las provee a manos llenas”. Tal vez, simplemente, se deba a que es un gran narrador: directo, de frases cortas, de tono coloquial, creador de personajes que parecen que pueden vivir fuera de la página. Justo ahora que el cuento parece estar pasando un mal momento en nuestro idioma, aparece Kipling, autor no menor que Maupassant y Chejov, que es la compañía más alta a la que puede aspirar un contador de cuentos.
Una, dos, tres antologías de Kipling. Las tres contienen cuentos excelentes, por supuesto. Pero podemos, con fines críticos, matizar. La antología de Somerset Maugham responde al gusto de los lectores de los años cincuenta. Incluye cuentos románticos (“El chico de la leña”), el cuento en el que surge Mowgli (guiño a Disney), cuentos de amor (“Sin el beneficio del clero”), cuentos de metempsicosis (“Radio”). Somerset prologó su selección con un copioso estudio en el que, más que mostrar las cualidades de Kipling como narrador, muestra las limitaciones de su propio juicio. La antología de Alberto Manguel es, y esto es también signo de los tiempos que corren, cumplidora y chambista. Por todas partes veo prólogos y selecciones de Alberto Manguel. En este caso, confeccionó una antología de 800 páginas. Se trata de una reunión de cuentos, más que de una antología, ya que ésta debe ser estricta. Manguel nos regala no un prólogo sino un postfacio, repletas sus pocas páginas de grandes errores. Muchos críticos han señalado, como origen de su imaginación mórbida (“de su odio”, diría Edmund Wilson), un duro pasaje de su infancia. Kipling nació en la India. Cumplidos sus seis años, sus padres decidieron que realizara sus estudios básicos en Inglaterra. Dice Manguel que los padres de Kipling vieron un anuncio, “y sin preocuparse por averiguar más” dejaron a los niños “en manos de dos desconocidos y regresaron a Bombay”. Esto es falso. Esos “desconocidos” eran sus tíos, lo que agravaba la represión y la avaricia. Su hermana, en sus memorias, escribiría después que de esos años nunca olvidaría “a mi tía y su severidad con mi hermano”. El pasaje es capital en la vida de Kipling. No es el único error que comete Manguel, que por lo visto no tuvo tiempo ni de hacer una buena investigación y un buen texto, ni tampoco de hacer una antología más ceñida, que respondiera a una lectura actual de Manguel y no a los recuerdos de sus lecturas adolescentes.
La tercera antología nunca se publicó. La imaginaron en cuatro ocasiones Adolfo Bioy Casares y Jorge Luis Borges, y sus respectivos índices aparecen en ese Libro de Libros que es el Borges de Bioy. La primera antología (1957) es amplia y responde al gusto de su tiempo. La segunda (1958) tiene apenas siete cuentos, es un divertimento incompleto. La tercera (1961) es excelente, aunque excluye los cuentos largos. Pero la última (1968) es fuera de serie. Es una antología perfecta. Estricta. No le sobra ni le falta un cuento. Incluye relatos de su tercera etapa, de absoluta madurez. Contiene, como un aleph, todo el universo de Kipling. Un universo que tiene su corazón en la India. Un universo que muestra la imagen de un hombre que exaltó la fuerza física y el Imperio y que, sin embargo, vivió su vida lleno de miedo a la oscuridad y a sí mismo. Ese libro de Kipling no existe. Pero es más real que el de Somerset y el de Manguel. Nunca se publicó, sólo fue imaginado: es un libro puro. Su índice: “Beyond the pale”, “La puerta de las cien penas”, “El chico de la leña”, “Sobre el gran muro”, “La Iglesia que fue Antioquía”, “Dayspring Mishanled”, “Una guerra de sahibs”, “The Dog Hervey”, “Mary Postgate”, “El ojo de Alá”, “La casa de los deseos” y “El mejor relato del mundo”. Todo en él es gran, pero gran literatura.

viernes, 20 de junio de 2008

Chavez bifronte


Leo Hugo Chávez sin uniforme, de Cristina Marcano y Alberto Barrera, biografía del polémico, carismático presidente/dictador venezolano. Se trata de un libro notable, por su objetividad, por su información de primera mano, por su escritura clara y aguda y por su evidente trabajo de campo. La personalidad de Chávez fascina: es un fantoche, es un ídolo, es una bestia y al mismo tiempo un político de una gran sensibilidad. No lo explican los petrodólares, es mucho más que eso. Y los autores entran al laberinto de esa personalidad, amada y denostada. Lo leo y tomo nota de las múltiples coincidencias entre el proceso de degradación de la democracia en Venezuela y México. Pero el libro da para eso y más. Es una biografía de periodistas, reúnen buena información, entrevistan a personas clave, pero sus interpretaciones no son muy agudas. Chavez es un enigma, como todo individuo. De cuna pobre, se inventó a si mismo, supo hacerse necesario, con talento e instinto político. Es popular en la India y en Sudáfrica, en México y en Inglaterra. ¿"¿Por qué no te callas?", le soltó Juan Carlos, rey de España. Pero no tiene para cuando callarse. Tomó el micrófono hace veinte años y no tiene para cuando soltarlo. Todos los días aparece tres horas en televisión. Le gusta cantar y hacer de showman. Nada en petróleo, y él lo derrocha a manos llenas. Venezuela es hoy más corrupta que antes.

lunes, 16 de junio de 2008

Wilson, crítico entrañable y despiadado

Leo La herida y el arco de Edmund Wilson. Creo que Wilson fue el mayor crítico literario del siglo XX. Su mirada era aguda, sus juicios demoledores, su cultura vastísima (con increíbles lagunas, por cierto; es famoso su ignorante desprecio por el español: prefirió aprender hebrero -para escribir su notable Los rollos del mar muerto- que nuestro idioma). Guardo un entrañable recuerdo de El castillo de Axel. Antes de leerlo tenía una casi veneración por Joyce, por Eliot, por Valery. Sus juicios me ayudaron a ver los errores y despropósitos estéticos y morales de esos creadores; por supuesto: errores que palidecen ante el genio indiscutido de esos creadores. Sin embargo, eso fue importante para mí: los genios también cometen errores. Su crítica de Valery, extraordinaria, marcó para siempre mi lectura del autor de Monsieur Teste. Por otro lado, en la adolescencia, la lectura de su Hacia la estación de Finlandia fue poco menos que decisiva: durante algunos años me creí socialista, y no poco tuvo que ver Edmundo Wilson con esa filiación. Ahora leo La herida y el arco, interesado por su crítica de Dickens y de Kipling. Vuelvo a encontrar las virtudes que durante algún tiempo lo convirtieron para mí en un autor de culto: una gran cultura, un juicio claro y firme, una extraordinaria sensibilidad estética y moral, una crítica esclarecedora y apasionada.

jueves, 5 de junio de 2008

Kipling, homenaje a la sensibilidad



Leo El mejor relato del mundo de Ruyard Kipling. Agrego: leo a Kipling con emoción creciente. Magníficamemente bien impreso y horriblemente traducido. Publicado por Sexto Piso, coincide con la aparición de una voluminosa antología de los cuentos de Kipling publicada por Acantilado y seleccionada y prologada por Alberto Manguel. Dos obsequios a la sensibiliad. De Kipling se agradece, en primer lugar, su claridad, su siempre diáfana arquitectura, su buen sentido del humor, su inventiva, su extraordinario ojo clínico para retratar a sus personajes. Kipling sabía ser rudo, romántico, vivaz, sabía desplegar una ternura honda, una apasionada inteligencia. Sus cuentos ambientados en la India son magistrales. Recrea la magia y desesperación de un mundo ya perdido. Sus cuentos no son inferiores a los de Stevenson y Henry James. No conozco elogio mayor.

jueves, 29 de mayo de 2008

Fernando Savater, maestro

Leo El valor de educar de Fernando Savater. Encargado por Elba Esther Gordillo (!!), Savater se propuso escribir un ensayo sobre los valores de la educación. El resultado, por fortuna, rebasó esa solicitud, lo cual no quiere decir ese incumplió el encargo. Savater propone situar a la educación a la cabeza de nuestras preocupaciones sociales y, más aún, intelectuales. Una sociedad democrática, afirma, puede medirse "por el trato y la consideración que brinda a sus maestros". Plantea, de entrada, una paradoja. Si la educación, sobre todo la básica, es esencial para la formación de un individuo, ¿podemos nosotros, que no tuvimos una formación óptima, ser buenos formadores? El libro va dirigido principalmente a los docentes, aunque, según se dice, el niño aprende más en el hogar que en las aulas. ¿Qué clase de educación es la que se brinda en el seno familiar? Los maestros tienen técnicas para transmitir el conocimiento, los padres educamos con el ejemplo. Pero no podemos, sin más, depositar el peso de la educación en los maestros. Los padres eligen, si les es posible, dónde educan a sus hijos y bajo qué método de enseñanza. Pero no mucho más. Savater afirma que el educador debe ser un optimista radical. Para enseñar, para trasmitir, debe creer con firmenza que vale la pena lo trasmitido (símbolos, valores, hechos...)

martes, 6 de mayo de 2008

Los pastores del infierno

Leo La explotación de la fe. Pastores que abusan sexual y económicamente, de Jorge Erdely. Las estadísticas son las siguientes: el 12% de los médicos y terapeutas han tenido alguna vez trato sexual con sus pacientes; se calcula que el 35% de los sacerdotes, pastores y líderes religiosos. La relación más común es la del sacerdote con mujeres (en forma de amasiato consentido o de violación o abuso en el marco de la confesión), y menos infrecuente, aunque más grave, es la paidofilia, la pederastia. En México son aproximadamente treinta mil personas las que pueden oficiar misa, de esas un tercio ha estado expuesta a situaciones de abuso sexual. Diez mil posibles violadores es una cifra monstruosa, aberrante. Más lo es teniendo en cuenta la impunidad de que gozan los sacerdotes en nuestro país. Un ejemplo, Succar Kuri, un pederasta de Cancún, abusó de una veintena de jovencitas; se fugó a Estados Unidos, fe apresado y extraditado, y actualmente purga su condena. Kamil Nacif está cerca de compartir su situación. Por el otro lado, Nicolas Aguilar, un cura poblano acusado de violar más de cien niños, 90 en México y 30 en los Estados Unidos, no sólo está prófugo sino que todavía oficia misa, se defiende con dinero de la iglesia, cuenta con protectores de la talla del Arzobispo Norberto Rivera. El violador civil está preso, el violador religioso, está libre y protegido, siendo que este último violó cuatro veces más menores que el otro. El libro está mucho mejor escrito e investigado que el de Sanjuana Martínez: el horror es el mismo.

miércoles, 16 de abril de 2008

Iglesia cómplice


Leo, con horror e indignación crecientes, Prueba de fe, de la periodista Sanjuana Martínez. Reportaje extenso sobre la red de cardenales y obispos mexicanos involucrados en la protección de sacerdotes pederastas. Casualmente lo leo cuando el Papa Benedicto XVI, de visita en los Estados Unidos, se ha referido en extenso a los curas paidofilos, que han mermado la credibilidad (y las finanzas) de la Iglesia católica en norteamérica. Miles de millones de dólares ha desembolsado la Iglesia para zafarse de esas acusaciones. En México, las víctimas de estos delitos suelen ser de familias pobres, sin recursos para conseguir grandes abogados ni hacerse justicia de ningún modo. El Padre Maciel, mexicano, era un depredador infantíl. El daño que hizo es inconmensurable. El libro de Sanjuana es valiente, estrujante, pero mal escrito. Abundaré en ello más adelante.

martes, 15 de abril de 2008

Retrato con punta de diamante

Leo Grandes esperanzas. Leo sobre las andanzas de Pip, el joven aprendiz de herrero al que la vida sorprende con una fortuna inesperada. Dickens no es suave con su creatura. Lo retrata y lo interpreta: el retrato es gracioso, pero exterior, la interpretación aguda y dirigida a mostrarnos su alma mediocre, ambiciosa, desleal, acomplejada. Los personajes que acompañan a Pip son las más de las veces caricaturas. Mr. Pocket, su tutor, se jala los cabellos para levantarse. Mr. Jagger, su abogado, se muerde la punta del dedo cada vez que realiza una mala obra (y son muchas). Los personajes entrañables son lerdos, inocentes, pueblerinos. La nobleza es rebuscada, mañosa, podrida y decadente. Pip tiene miedo, pero sobre todo tiene grandes, e infundadas, esperanzas.

martes, 8 de abril de 2008

Dickens y sus borradores



Leo por segunda ocasión, la primera ocurrió en mi temprana adolescencia, Grandes esperanzas de Charles Dickens. Aunque todos estos años no han bastado para desdibujar en mi memoria el recuerdo de su argumento, ahora la leo disfrutando los detalles, la construcción de escenas, el ritmo de su acción, su formidable poder para crear caracteres. Leo a Dickens y disfruto cada línea. Me ha provocado unas formidables carcajadas, como hace mucho un libro no me las arrancaba: es un maestro de las peripecias. Aquí lo vemos leyendo en su estudio. Su escritorio, frente a un gran ventanal, sus libreros al fondo, pero sobre todo me impresiona el gran cesto de papeles colocado junto al mueble. Un cesto hecho para recibir decenas de hojas arrugadas, borradores abortados, versiones sin fuerza. Un cesto casi del tamaño del escritorio, un cesto que es casi una lección de escritura: en literatura casi vale lo mismo lo que se escribe que lo que se borra.

sábado, 5 de abril de 2008

Savater rie



Leo Criaturas del aire, de Fernando Savater. Libro integrado por 31 monólogos, a la manera de Gog y El libro negro de Giovanni Papini. Libro desigual que incluye lo mismo monólogos de Nerón que de Conan el Bárbaro, de "el hombre invisible" que de la bella durmiente. Uno de los mayores desafíos al escribir un libro como éste, es el de desarrollar para cada ente una voz, un tono, un personaje. Pero en este libro siempre habla Savater. Con paradojas, con bromas, con reflexiones, a veces intensas, otras languidas. Es, sobre todo, un divertimento, y esto último no lo digo con ánimo denigratorio. Savater piensa con humor, reflexiona y rie, a caballo entre la literatura y la filosofía.

martes, 1 de abril de 2008

Celine: La tierra es un cadaver colosal

Leo El viaje hasta el fin de la noche de Louis Ferdinando Celine. Advierto su huella en varios escritores, de Henry Miller hasta Fernando Vallejo. La verborrea maldita. El insulto cósmico. La diatriba. Por lo menos en este libro (tiene otros de tintes antisemitas) el personaje que crea me parece simpático. Prejuicioso, traicionero, egoísta, nada infatuado. Lo pensé más virulento, más terrible, y no. Tiene pasajes arrebatados y frases lúcidas y desquiciadas: "La tierra es un cadaver colosal. Y nosotros no somos más que gusanos moviéndonos cochinamente sobre su podredumbre, comiéndole lo que podemos, sus tripas y sus venenos... No hay nada que hacer con nosotros, amigo. Estamos todos podridos de nacimiento... Y no hay más". Lo curioso es que sí hay más. En El viaje... Ferdinand, su alter ego, conoce el amor, la amistad, la laealtad, disfruta el paisaje, el buen vino, una camisa recién planchada, el sonido del río, en fin, la vida.

lunes, 24 de marzo de 2008

Nezahualcoyotl, el guerrillero


La buena biografía que sobre el Che Guevara escribió el periodista Jon Lee Anderson (Una vida revolucionaria) aborda de paso las andanzas guerrilleras de Tania (Tamara Bunke). Paso por alto que aparentemente fuera una espia de la Alemania Oriental infiltrada en la guerrilla guevarista, omito también que, al parecer, era una mujer histérica y voluble, irritante al grado de que no son pocas las golpizas que le acomodan sus compañeros guerrilleros. Lo que no puedo dejar de mencionar es el formidable yerro de Anderson y de sus editores en lengua española. Casi al final de la inmensa biografía, Anderson cuenta que Tania estaba en La Paz muy deprimida (porque lo que ella quería era entrar en acción, aburrida de seducir a miembros de la clase alta boliviana), por lo que le dió por escribir poemas, como este:

Así somos,
somos mortales,
seres humanos a través y a través,
todos tendremos que salir,
todos tendremos que morir en la tierra...
Como una pintura nos borrarán.
Como una flor,
nos secaremos para arriba
aquí en la tierra.

El problema es que el poema es de Nezahualcoyotl, rey poeta de Texcoco, no de Tania la guerrillera argentino-alemana. Curioso ejemplo de cómo pervive la poesía. Para Anderson es un poco extraño que Tania haya escrito un poema tan melancólico, pero no alcanza a ver que esa tristeza provenía de una fuente muy poco casual, lejana del existencialismo. Que a Anderson se le haya ido la liebre, pasa, que se les haya pasado a sus editores españoles es un escándalo.


martes, 11 de marzo de 2008

Robespierre en Las Cabañas


Leo a Jon Lee Anderson: Che Guevara Una vida revolucionaria. Leí antes la biografía de Paco Ignacio Taibo II (Se llamaba Ernesto y le decían el Che) y la de Jorge Castañeda (La vida en rojo). La vida del héroe moderno, del enamorado de su destino, ejemplo puro del dogmatismo activo. El hombre más completo de nuestro tiempo, dijo Jean Paul, pero también: Robespierre en Las Cabañas. Aunque de adolescente lo admiré, ahora me disgusta el Che, fruto de haberlo entenido.






Leo que leo

Leer. Leer para leerme. Leer para entender el mundo. Leer para salir del mundo. Leer para modificar con la lectura lo que pasó. Leer para crear. Leer para creer. Leer para oradar. Leer.