domingo, 14 de septiembre de 2008

La revolución persa



Leo El Sha o la desmesura del poder del periodista y escritor Ryzsard Kapuscinski. En los años ´80, ya depuesto por una revolución atípica: religiosa y antimoderna, el Sha de Irán con sus millones y su corte se instaló en México, en la paradisiaca Cuernavaca, la Cuernavaca de Malcolm Lowry y de Thelonius Monk. Un monarca en el exilio da lástima, despierta piedad. Pero esa empatía hubiera desaparecido de haberse leído en ese momento esta crónica-reportaje de Kapuscinski. Fue un déspota, un tirano de la peor especie. Derrochó la riqueza petrolera de Irán. Era común que a un ciudadano cualquiera lo detuviera la policía secreta, lo torturara, los golperara sin piedad y con método, para luego, por fin, preguntarle: "¿Cómo se llama, qué hace usted?" Promovido como emperador (Sha) por su padre y por los ingleses y norteamericanos, Reza Pahlevi de entrada permitió un regimen democrático. Pero el gusto le duró muy poco a los iraníes. Harto de los desplantes democráticos y aperturistas de su Primer Ministro (desplantes como el de nacionalizar la industria petrolera), lo hizo encarcelar. Desde entonces, instauró en Iran una dictadura cruel, sanguinaria, implacable. Acabó con la economía y con la inteligencia. A los jóvenes inquietos se les invitaba (y ayudaba con becas) a que estudiaran fuera de Irán, en un viaje comunmente sin retorno: a los que no aceptaban, se le apresaba,. se les destrozaba su vida. Eso, dice Kapuscinski, más que la revolucióin islámica, es lo que explica el levantamiento popular y el derrocamiento del Sha.

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