
Leo Horas chinas del patólogo y escritor mexicano Francisco González Crussí. Tradiciones, impresiones y relatos de una cultura milenaria. De este fascinante autor he leído media docena de libros: Día de muertos, Mors repentina, Notas de un anatomista, La fábrica del cuerpo, Sobre la naturaleza de las cosas eróticas, Los cinco sentidos, Nacer y otras dificultades, Venir al mundo y Partir es morir un poco. González Crussí combina con gracia y talento diversos saberes: es médico patólogo connotado, pero además es un ensayista de fuste. Sus temas: el cuerpo, la muerte, el nacimiento, la diversidad humana. Su cultura es extraordinaria, lo mismo domina la literatura de su especialidad (que pone al servicio de un humanismo pesimista) que diversos saberes literarios y filosóficos: lo mismo domina los clásicos grecolatinos que los ilustrados franceses, la novela moderna y el tratado medieval, y ese saber no se extiende sólo en temas sino en culturas, ya que domina como pocos tanto los afluentes principales de Occidente como de Oriente. Casado en segundas nupcias con una doctora china, González Crussi ha viajado por China, pero sobre todo ha leído sobre ese remoto y aún ahora exótico país. Uno de sus ensayos más interesantes, de los contenidos en este libro, es su reflexión acerca de la posibilidad de que los olmecas, una de las civilizaciones fundadoras de la grandeza prehispánica, tuviera un orígen chino. Gastronomía, literatura, filosofía, antropología, medicina, muchos saberes condensados en una obra, como todas las de González Crussí, sabia y demasiado humana.
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