Leo, con horror e indignación crecientes, Prueba de fe, de la periodista Sanjuana Martínez. Reportaje extenso sobre la red de cardenales y obispos mexicanos involucrados en la protección de sacerdotes pederastas. Casualmente lo leo cuando el Papa Benedicto XVI, de visita en los Estados Unidos, se ha referido en extenso a los curas paidofilos, que han mermado la credibilidad (y las finanzas) de la Iglesia católica en norteamérica. Miles de millones de dólares ha desembolsado la Iglesia para zafarse de esas acusaciones. En México, las víctimas de estos delitos suelen ser de familias pobres, sin recursos para conseguir grandes abogados ni hacerse justicia de ningún modo. El Padre Maciel, mexicano, era un depredador infantíl. El daño que hizo es inconmensurable. El libro de Sanjuana es valiente, estrujante, pero mal escrito. Abundaré en ello más adelante.
miércoles, 16 de abril de 2008
martes, 15 de abril de 2008
Retrato con punta de diamante
Leo Grandes esperanzas. Leo sobre las andanzas de Pip, el joven aprendiz de herrero al que la vida sorprende con una fortuna inesperada. Dickens no es suave con su creatura. Lo retrata y lo interpreta: el retrato es gracioso, pero exterior, la interpretación aguda y dirigida a mostrarnos su alma mediocre, ambiciosa, desleal, acomplejada. Los personajes que acompañan a Pip son las más de las veces caricaturas. Mr. Pocket, su tutor, se jala los cabellos para levantarse. Mr. Jagger, su abogado, se muerde la punta del dedo cada vez que realiza una mala obra (y son muchas). Los personajes entrañables son lerdos, inocentes, pueblerinos. La nobleza es rebuscada, mañosa, podrida y decadente. Pip tiene miedo, pero sobre todo tiene grandes, e infundadas, esperanzas.martes, 8 de abril de 2008
Dickens y sus borradores

Leo por segunda ocasión, la primera ocurrió en mi temprana adolescencia, Grandes esperanzas de Charles Dickens. Aunque todos estos años no han bastado para desdibujar en mi memoria el recuerdo de su argumento, ahora la leo disfrutando los detalles, la construcción de escenas, el ritmo de su acción, su formidable poder para crear caracteres. Leo a Dickens y disfruto cada línea. Me ha provocado unas formidables carcajadas, como hace mucho un libro no me las arrancaba: es un maestro de las peripecias. Aquí lo vemos leyendo en su estudio. Su escritorio, frente a un gran ventanal, sus libreros al fondo, pero sobre todo me impresiona el gran cesto de papeles colocado junto al mueble. Un cesto hecho para recibir decenas de hojas arrugadas, borradores abortados, versiones sin fuerza. Un cesto casi del tamaño del escritorio, un cesto que es casi una lección de escritura: en literatura casi vale lo mismo lo que se escribe que lo que se borra.
sábado, 5 de abril de 2008
Savater rie

Leo Criaturas del aire, de Fernando Savater. Libro integrado por 31 monólogos, a la manera de Gog y El libro negro de Giovanni Papini. Libro desigual que incluye lo mismo monólogos de Nerón que de Conan el Bárbaro, de "el hombre invisible" que de la bella durmiente. Uno de los mayores desafíos al escribir un libro como éste, es el de desarrollar para cada ente una voz, un tono, un personaje. Pero en este libro siempre habla Savater. Con paradojas, con bromas, con reflexiones, a veces intensas, otras languidas. Es, sobre todo, un divertimento, y esto último no lo digo con ánimo denigratorio. Savater piensa con humor, reflexiona y rie, a caballo entre la literatura y la filosofía.
martes, 1 de abril de 2008
Celine: La tierra es un cadaver colosal
Leo El viaje hasta el fin de la noche de Louis Ferdinando Celine. Advierto su huella en varios escritores, de Henry Miller hasta Fernando Vallejo. La verborrea maldita. El insulto cósmico. La diatriba. Por lo menos en este libro (tiene otros de tintes antisemitas) el personaje que crea me parece simpático. Prejuicioso, traicionero, egoísta, nada infatuado. Lo pensé más virulento, más terrible, y no. Tiene pasajes arrebatados y frases lúcidas y desquiciadas: "La tierra es un cadaver colosal. Y nosotros no somos más que gusanos moviéndonos cochinamente sobre su podredumbre, comiéndole lo que podemos, sus tripas y sus venenos... No hay nada que hacer con nosotros, amigo. Estamos todos podridos de nacimiento... Y no hay más". Lo curioso es que sí hay más. En El viaje... Ferdinand, su alter ego, conoce el amor, la amistad, la laealtad, disfruta el paisaje, el buen vino, una camisa recién planchada, el sonido del río, en fin, la vida.
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