Leo Un diálogo sobre el poder (Alianza Editorial, 1988) de Michel Foucault. Extraño libro formado por varias entrevistas y diálogos con personajes de la cultura francesa: Deleuze, Henry Levi, Marine Zecca, y un singular coloquio con un grupo de radicales maoistas. Foucaul se da gusto: expone, piensa, confronta, niega, propone, pero sobre todo interroga, asedia e interroga, sin cuartel, sin punto fijo, desde la intemperie y hacia la intemperie. Apenas comienzo a entrar en su laberinto. Se antoja un libro estimulante, saturado de intuiciones, vibrante.
viernes, 10 de octubre de 2008
¿Se puede hablar con el poder?
Leo Un diálogo sobre el poder (Alianza Editorial, 1988) de Michel Foucault. Extraño libro formado por varias entrevistas y diálogos con personajes de la cultura francesa: Deleuze, Henry Levi, Marine Zecca, y un singular coloquio con un grupo de radicales maoistas. Foucaul se da gusto: expone, piensa, confronta, niega, propone, pero sobre todo interroga, asedia e interroga, sin cuartel, sin punto fijo, desde la intemperie y hacia la intemperie. Apenas comienzo a entrar en su laberinto. Se antoja un libro estimulante, saturado de intuiciones, vibrante.
miércoles, 8 de octubre de 2008
El canto de las piedras
Leo Piedras (Nueva Imagen, 2001) de Roger Caillois. No se trata de un tratado geológico, tampoco de un despliegue modernista sobre las piedras preciosas, se trata de un ejercicio de imaginación en toda forma, de un delirio razonado, se trtat de reflejar en el papel todo lo que la imaginación ha plasmado sobre esos testigos primeros, sobre las que serán seguramente las herederas de la tierra, las piedras. Extraordinaria imaginación y cultura la de Roger Caillois. Se afilió siendo muy jóven al movimiento surrealista, del que se separó y al cual condenó en una singular carta a André Breton. Luego, a raíz de las complejidades de la guerra, y seguramente invitado por Victoria Ocampo, se traslada Buenos Aires, donde conoce a Borges. Borges lo recibe con una crítica a sus estudios sobre la novela policiaca. Luego, a lo que se ve, se hacen amigos. Caillois traduciría al francés a Borges, traducción que implicaría el reconocimiento europeo (mundial) al argentino. Bien vale la pena Buenos Aires con tal de ver a Borges, dijo Caillois. De regreso a Francia, en 1951, funda con George Bataille, El Colegio de Sociología. Sus libros son fudamentales: El hombre y lo sagrado, El mito y el hombre, La cuesta de la guerra, Acercamientos a lo imaginario, Pulpos, etc. Lo recuerdo en un inolvidable diálogo, ocurrido en París, entre Roger Caillois y Jorge Luis Borges. De Piedras Octavio Paz dijo que era uno de los libros más hermosos que él hubiera leído. Lo es. domingo, 5 de octubre de 2008
Filosofía del cuerpo

Leo Venir al mundo: Seis ensayos sobre las visicitudes anteriores a la vida mundanal, de Francisco González Crussí. Médico patólogo y enesayista mexicano. Sus temas: el nacimiento, la muerte, el dolor y el placer, es decir, los grandes temas del hombre, el principio y el fin, virtudes, vicios y humores del vivir. Pero no del mero vivir, González Crussí no es un científico que estudia, que examina al hombre con un bisturí, es un médico humanista, no le importa tanto el vivir como el buenn vivir, y esto lo denota en una prosa inteligente y flexible, curiosa a la vez que generosa con su lector. González Crussí, por esta indagación en los fines y orígenes del hombre, es un filósofo que se pregunta lo esencial, sin embargo, que esta indagación fluya en los carriles de una prosa viva y atractiva, noble y transparente, hace que consideramos que lo suyo no es tanto una filosofía, que tendría que articualrse en un sistema, sino una sabiduría, un saber vivir, un saber sobre el nacer y el morir para mejor vivir y morir mejor. Filosofía del cuerpo, sabiduría de los humores, notas de un anatomista.
miércoles, 1 de octubre de 2008
La propia caída
Leo La caída de Albert Camus. Monólogo y confesión. Una prosa alta que describe el desplome, en la vida, en el mundo. Habla Jean-Baptiste Clamence, que antes de quedar varado, averiado, en un tugurio de Amsterdam, era de profesión abogado y de temple piadoso. Su piedad, sin embargo, tenía como fin no la salvación o ayuda al otro, sino la autosatisfacción provocada por el bien hecho. Con melancólica ironía, desnuda tristemente el animo piadoso: se busca la virtud para exhibirla, para mostrarla, para envanecerse ataviado con esa capa de humildad, para mostrarse ante el mundo como desinteresado cuando su fin último es que se interesen en él por su desinterés. Clamence habla, sin fin, habla de su paso del día francés a la medianoche holandesa, anclado ahí, en el Mexico-City, bar de malamuerte, bar de puerto, donde reculan Clamence, que fue puro, y un oyente que aunque nunca se ve no es invisible, al contrario, es muy real, porque al no dar ningún elemento acerca del oyente, el oyente resulta ser uno. Así, el monólogo se extiende en esa noche holandesa. Clamence nos habla al oído, su aliento huele a ginebra, su saco de pelo de camello es vulgar y está gastado, su tono en cansino, cansado. Va desplegando su historia.
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